Paramentos interiores con gotelé o pintura antigua
Lo primero es saber qué agarre tiene lo que ya hay. Se prueba con cinta y con agua: si la pintura vieja es al temple, se disuelve y no admite nada encima, así que hay que rascarla hasta el yeso. Si es plástica y está firme, sirve de soporte. El gotelé se rasca en húmedo con espátula ancha para no levantar el guarnecido, y a partir de ahí van dos o tres manos de pasta de alisado a llana, lijado con grano fino y aspiración, e imprimación fijadora antes del acabado. Los agujeros de tacos y las grietas de asentamiento se abren en V, se rellenan con masilla de reparación y, si la grieta es viva, se refuerza con malla o banda de fibra. Sin ese lijado y ese sellado previo, cualquier pintura mate delata cada parche con la luz rasante.
Humedades y patologías que hay que resolver antes
Pintar sobre una humedad activa es tirar el dinero: el revestimiento se ampolla y la mancha vuelve. Antes de nada se localiza el origen —filtración desde una fachada o un patio de luces, condensación por falta de ventilación, o capilaridad ascendente desde el terreno— porque cada una se trata de forma distinta. Lo que sí entra en pintura es el saneado: picar lo desprendido, cepillar sales, aplicar antimoho o fungicida donde hay hongos y sellar con una imprimación específica antihumedad o antimanchas al disolvente cuando el cerco es de nicotina, óxido o agua. La condición para seguir es sencilla: el soporte tiene que estar seco y estable. Con un higrómetro se comprueba; si marca alto, se espera o se resuelve la causa, y si la causa es estructural o de fontanería, lo decimos y no lo tapamos.
Carpintería y radiadores
La madera y el metal no se pintan igual que el yeso. En puertas, marcos y armarios se desmonta el herraje, se lija para abrir el poro, se desengrasa y se da una imprimación de adherencia; después, esmalte al agua aplicado a pistola en dos manos, con lijado suave entre ellas. A pistola porque es la única forma de que no queden marcas de brocha ni descuelgues en los cantos. En radiadores y elementos de hierro, lo que manda es el óxido: se cepilla a metal, se aplica una imprimación antioxidante y luego esmalte resistente al calor. El radiador tiene que estar frío y apagado, y conviene no encenderlo hasta que el esmalte haya curado, no solo secado al tacto.
Fachadas y elementos exteriores
En exterior se trabaja siempre desde arriba y con el soporte revisado a fondo: se pican los desconchados, se sanean fisuras, se comprueba que no haya armadura vista oxidada y se limpia con hidrolimpiadora para retirar polvo, contaminación y restos de pintura suelta. Según el estado se elige entre una pintura pliolite, un revestimiento acrílico liso o un elástico que puentea fisuras; en los cantos y encuentros con carpintería se sella con masilla de poliuretano. Las condiciones mandan más que en interior: no se pinta con lluvia ni con riesgo de lluvia en las horas siguientes, ni por debajo de 5 °C, ni con la fachada recibiendo sol directo a plena hora, ni con viento fuerte si hay andamio. Por eso los plazos de fachada se dan siempre con margen meteorológico.
Techos y molduras
El techo es donde antes se nota una chapuza, porque la luz cenital no perdona. Se revisa si hay temple viejo —muy común en pisos antiguos— y, en ese caso, se elimina entero; si hay manchas de una fuga ya reparada, se sellan con antimanchas antes de nada, porque el cerco atraviesa cualquier plástica por muchas manos que se den. Se aplica pintura mate específica de techos, que tapa mejor y refleja menos, y se cruza el rodillo para no dejar sombras de aplicación. Las molduras, cornisas y rosetones se limpian de capas acumuladas que han perdido el dibujo, se reparan con escayola y se rematan a pincel; si están muy embotadas, se avisa de que el detalle no se recupera del todo, porque recuperarlo es trabajo de escayolista, no de pintor.
Antes de dar la primera mano exigimos
- Soporte seco y firme: sin humedad activa, sin pintura que se desprenda al pasar la espátula.
- Causa resuelta: si hay filtración o condensación, primero se corrige el origen.
- Temperatura y ventilación: entre 5 °C y 30 °C, con la estancia ventilada y sin corrientes de polvo.
- Tiempos de secado respetados: entre manos y entre capas, con lijado intermedio donde toca.
Cómo ordenamos la obra
El orden de trabajo es siempre el mismo y no depende de las prisas. Primero, visita y toma de datos: medimos, comprobamos el estado de cada superficie y detectamos lo que va a dar guerra. Después, presupuesto cerrado por escrito, con la preparación desglosada aparte de la pintura para que sepas qué estás pagando en cada línea. Al empezar, protección: suelos, mobiliario, marcos, enchufes y mecanismos cubiertos antes de tocar una pared. Luego, preparación completa de todos los soportes; no se pinta nada hasta que toda la reparación está lijada y sellada. Al final, acabado y repaso, con la última revisión hecha contigo y con luz encendida, que es cuando salen los detalles. Y la garantía por escrito, que cubre defectos de aplicación dentro del plazo acordado.
Si quieres que el presupuesto salga ajustado a la primera, ten a mano los metros cuadrados aproximados o los planos, una idea de qué estancias entran y cuáles no, el color o la gama que tienes en mente, y las fotos de cualquier zona con manchas, grietas o desconchados. Con eso, y una visita corta, sale un número cerrado.